sábado, noviembre 7

La Revolución de Octubre en noviembre




Era un 7 de noviembre de 1917 en el calendario gregoriano y 25 de octubre de 1917 en el calendario juliano, que entonces regía la Rusia zarista, que la Revolución Rusa llegó a su segunda y más importante fase: los soviets o asambleas de obreros alcanzaron al poder gracias a los bolcheviques que bajo el liderazgo de Lenin iniciaron la vida de la hoy extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Con el fin de la guerra civil se dio paso al nacimiento de una nueva nación pobremente indutrializada, la misma donde Marx había previsto imposoible la implantación del socialismo y menos del comunismo, y sin embargo, la creación de una utopía de pronto fue posible gracias a la Primera Guerra Mundial y el apoyo alemán a los rebeldes de lenin contra el zar.

Hoy recordamos el aniversario de la URSS escuchando su himno nacional, hoy inserto en la cultura popular en una mezcla electro del DJ Zbynia:



Y visitando a la momia de Lenin en su tumba en estos días: con un click aquí

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miércoles, octubre 21

Escucho y veo a don Porfirio




Porfirio Díaz como presidente de México presenció cómo muchos avances tecnológicos se insertaban en la vida cotidiana del país que entraba en la modernidad. En los albores del siglo XX dos inventos llamaron la atención del general dejándonos testimonio.
El gramófono invento de Tomas A. Edison nos permite escuchar la voz del presidente en una carta al inventor grabada en agosto de 1909. Llama la atención como Díaz duda un poco ante la nueva tecnología:



El otro invento es el cine. Los hermanos Lumiére enviaron a México a los señores C. J. Bon Bernard y Gabriel Vayre que mostraron el cinematógrafo a la familia Díaz en el castillo de Chapultepec el 6 de agosto de 1896. La exhibición causó tal maravilla que se programaron varias sesiones donde se presentaron vistas mexicanas que por supuesto incluían la presidente, como se puede ver a caballo por el bosque de Chapultepec:



Referencia: Aurelio de los Reyes, Los orígenes del cine en México (1896-1900), México, FCE, SEP, Lecturas Mexicanas, 1983, 250pp. fts.
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martes, octubre 20

Haz de la noche un día. Luz en las calles de la Ciudad de México 2/2

En 1848, después de la guerra con Estados Unidos se comenzó a usar trementina para iluminar con 500 lámparas especiales que se compraron a una compañía de nuestro vecino del norte, cuyo personal enseñó el manejo de las lámparas y verificaron el buen funcionamiento de todo por un mes. Hasta entonces, 60 años después, se sustituyeron en las calles principales la mayoría de lámparas de aceite que se instalaron desde tiempos virreinales y que continuaron alumbrando las calles menos céntricas.

La trementina daba una luz más blanca y limpia que necesitaba menos cuidados, sin embargo su alto costo pronto se volvió un problema. En 1850 una de las entonces habituales epidemias de cólera impidió a muchos trabajadores sacar brea para elaborar trementina y satisfacer la demanda; entonces hubo que volver al aceite por un tiempo. La ciudad contaba aquel año con 1623 luces.

En este punto estamos muy lejos de lograr eliminar las diferencias entre noche y día. La pobre iluminación limitaba a las personas y los modos de vida que, hoy en día, nos parecerían muy extraños. Tan solo el acto de entrar a una iglesia apenas iluminada con velas, seguramente lograba impresionar al más recio, con visiones titilantes, místicas tan dolorosas como esperanzadoras de imágenes religiosas que invitaban a la meditación más que a la curiosidad como sucede estos días que están completamente visibles con luz eléctrica muy potente. Imaginemos las luces de 1853, con apenas 1635 faroles 50 en los portales y palacio que alumbraban toda la noche. Cada lámpara de aceite consumía tres onzas en las noches de verano y tres y media onzas en las noches de invierno.



En 1855 el ayuntamiento logró comprar mil lámparas más de trementina ampliando la zona iluminada y llevando las lámparas de aceite que se sustituyeron, a zonas que nunca antes tuvieron este servicio. Entonces se construyeron cuarenta columnas de fierro y sus farolas para iluminar la plaza de armas y sustituir las viejas patas de gallo de madera.

Apenas después del Segundo Imperio mientras Juárez restauraba la República se instaló el alumbrado de gas cuyas primeras luces aparecieron en septiembre se 1869 (130 años después que los primeros intentos de un virrey), en las calles de Plateros y San Francisco, es decir nuestra ahora peatonal calle de Madero. Las luces de gas finalmente sustituyeron a las de trementina en el centro, como 19 años antes sustituyeron a las de aceite; muchas calles de la ciudad entonces, tenían tres clases de luz: gas, trementina y aceite que se usaba en lugares apartados, pues era accesible a los particulares incluso los más pobres por su bajo precio.




Por un decreto el 23 del 23 de marzo de 1878 se relevó a los guarda faroles de sus obligaciones de policía nocturna, sus funciones desde los lejanos años de la Nueva España, y se creó la Compañía de encendedores conformada de la siguiente manera:

Un comandante con sueldo mensual de $141.00
Cuatro jefes $60.00
Un escribiente $25.00
Un cabo de reserva $25.00
61 encendedores $0.75 diarios cada uno
2 encendedores en cárceles con igual sueldo
a un costo de 1,890.50 pesos mensuales.


Se hicieron cargo de 2090 luces de gas, 1041 lámparas de trementina y 22 de aceite aún públicas

En 1881 se acordó acabar con las lámparas de aceite que quedaban incluso en las calles lejanas pero el proceso fue muy lento y ese mismo año se introdujo la luz eléctrica. Había ya 40 focos de luz eléctrica que comenzaron a sustituir al gas como había pasado antes con la trementina y el aceite.

“desde 1881 hasta 1890 la ciudad de México ofreció un espectáculo verdaderamente interesante, con sus cuatro sistemas de alumbrado que caracterizan otras tantas épocas diferente: la lámpara de aceite al lado del arco voltaico; la trementina y el gas en esos dos extremos. Al dar un paseo del centro a extramuros se hojeaba la historia del alumbrado” p. 59


El aceite se uso en el alumbrado público mexicano durante un siglo, se suprimió finalmente el 4 de marzo de 1890. Las personas sin muchos recursos intentaron sustituirlas usando petróleo y nafta. Las luces de trementina continuaron alumbrando hasta la noche del 24 de marzo de 1899 pues el 25 ya trabajaba la compañía mexicana de electricidad. Las lámparas de trementina y sus materiales fueron retiradas de las calles el 25 de marzo y ese día desaparecieron los postes y faroles que habían guardado las lámparas de aceite, después de trementina por 109 años.

La ciudad tuvo por fin alumbrado eléctrico y el proceso para hacer de la noche un día no se detuvo desde entonces.


Referencias:
En google books
Rafael R. Arizpe, El alumbrado público en la ciudad de México estudio histórico, México, Tipográfica y litográfica la Europea, calle de santa Isabel n. 6 1900. 206 pp.

Imágenes:
skyscrapercity
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Haz de la noche un día. Luz en las calles de la Ciudad de México 1/2

Para nosotros no importa la hora, la vida nunca se detiene a pesar de la noche y lo oscuro que esté, disponemos de miles de watts de energía para iluminar nuestras actividades, por eso existimos miles de personas que trabajamos tarde y nos desvelamos hasta el amanecer, es fácil olvidar valorar la cantidad de energía necesaria para lograr esto y que no siempre fue así. Apenas a principios del siglo XX la Ciudad de México tuvo alumbrado público eléctrico que se percibió como un signo de progreso durante las fiestas del centenario, pero antes de esto la ciudad tuvo pequeñas luces en la oscuridad nocturna, miremos algo de sus antecedentes.



Antes del alumbrado general la vida pública de las personas terminaba al irse el sol , por eso se acostumbraba levantarse al amanecer y aprovechar la luz lo más posible; por las noches las calles quedaban prácticamente vacías, salir era bastante peligroso pues a uno le podía pasar casi cualquier cosa. Los virreyes ilustrados intentaron reformar la ciudad para hacerla más funcional, todo acorde a la modernidad y la razón, por eso en 1777 el entonces virrey Revillagigedo promovió la idea de alumbrar las calles del mismo modo que se hacía en París en esos días, con luz producida por mechas de ixtle o algodón impregnadas de grasa o brea colocadas en la esquina de las calles, el bando indicaba que eran los mismos habitantes quienes debían comprar y mantener las lámparas.


Como era de esperarse no tuvo mucho éxito y la iniciativa fue quedando en el olvido hasta que en 1789 el mismo virrey decidió invertir fondos para esta obra pública de iluminar las calles de la ciudad. Así compraron faroles de vidrio con lamparitas de hoja de lata, mechas impreganadas con aceite de nabo en postes de madera o fierro que se llamaban patas de gallo y tuvieron bastante éxito, tanto que en 1790 se presumía al rey de España su logro de esta manera:

“Desde mañana 4 del corriente estarán alumbradas con los nuevos faroles las calles principales inmediatas al Coliseo al cuidado de un guarda mayor, un teniente y los correspondientes guarda- faroles; los cuales desde las once en adelante dirán la hora que es en alta voz, todos llevarán su nombramiento firmado por el intendente corregidos con expresión en las calles que cuidan, a fin de que siendo conocidos de las patrullas y rondas puedan darles auxilio en caso necesario. Todo lo que prevengo a V. S. Para que disponga que tenga por su parte el más exacto cumplimiento.”


Esta iniciativa estaba acompañada del primer reglamento del ramo donde se indican los deberes del guarda mayor, el teniente y los guarda faroles, que debían ser también guardas nocturnos, una suerte de policía con la obligación de atrapar a los delincuentes y prestar auxilio a los vecinos. Para septiembre se 1790 ya había por la ciudad 1079 lámparas de aceite. Por supuesto el dinero no salía de las arcas reales, las pagaban los impuestos de los novohispanos, específicamente el arancel de tres reales por cada carga de harina que se introducía a la ciudad; esto se inserta dentro de las reformas Borbónicas que terminaron por molestar tanto a los novohispanos que se consideran un antecedente fundamental de la lucha por la independencia.




Así el alumbrado de Revillagigedo duraba de las oraciones del anochecer hasta las 10 de la noche, y no se encendía en las noches de luna llena, pues ésta resultaba en iluminación suficiente para las calles seleccionadas para iluminarse. No podemos olvidar que en las afueras de la ciudad y su periferia la gente mayormente mestiza e indígena no podían acceder a estos lujos de la modernidad.
Para los primeros años de vida independiente después de la guerra y difícil reorganización el servicio de alumbrado había decaído. La ciudad requería entonces, mayor cantidad de luces y mejorar las ya existentes.

En 1830 hubo una iniciativa de establecer el alumbrado de gas, más eficiente y luminoso, como en las ciudades más modernas y hasta se comenzó a negociar un contrato pero se abandonó. En 1834 el gobierno del Distrito Federal convocó a una suerte de licitación para el contrato y entró en conflicto con el ayuntamiento que se encargaba del alumbrado desde 1790. La suprema Corte cedió el control del alumbrado a al gobernador del distrito y el ayuntamiento debió entregarlo en noviembre de 1835. Entregaron 1512 lámparas de las cuales sólo 164 alumbraban toda la noche en los portales y palacio municipal y los demás se pagaban durante las noches de luna llena como era costumbre.
El alumbrado volvió al control del ayuntamiento bien pronto, en 1840 por mal cumplimiento del contrato de gas antes celebrado por el gobernador. Por años la inestabilidad política y social del país detuvieron los planes de alumbrado de gas e incluso los de fluido líquido e hidrógeno líquido cuya instalación nunca llegaba a concretarse.

(continuará...)
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domingo, septiembre 27

¿Qué tipo de independencia tenemos?



Con esta pregunta que no parece fácil de contestar, mucho menos ante la situación actual de este país, se me acercó Fredy Ruiz Condori del Diario El Mundo en Córdoba Veracruz. Con lo que pude decirle y otras opiniones armó un texto que se publicó con motivo de nuestras fiestas patrias en el suplemento dominical de ese diario y que comparto con ustedes en este enlace o aquí

Mi agradecimiento a Juan Carlos Cortés editor y a Fredy Ruíz el autor del texto por su amabilidad.
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viernes, septiembre 18

¿Dónde te agarró el temblor?

Chico Che no está muy seguro si lo agarró en la cocina o bailando con Carolina, pero a México, lo agarró entre un bache económico, de esos que se volvieron costumbre desde más o menos 1976, cuando quedó claro que la mayoría de los mexicanos no íbamos a administrar ningún tipo de abundancia y que ni las lágrimas de José López Portillo podrían salvarnos.



Por esos años Rockdrigo González el Profeta del Nopal se lamentaba de la situación en la Balada del Asalariado:

Pagar, pagar, pagar, sin descansar
Pagar tus pasos, hasta tus sueños
Pagar tu tiempo y tu respirar
Pagar la vida con alto costo y una moneda sin libertad
Suben las cosas, menos mi sueldo

¿Qué es lo que me espera en este lugar?
Me fui para la iglesia a buscar un milagro
Rezándole al retablo quise ver la cuestión
Más no, no, no, lo que vi fue al diablo de la devaluación...


Devaluación, crisis, inflación, IVA, deuda externa, privatización, nacionalización, eran términos que se volvieron cotidianos para los mexicanos lo mismo que la desigualdad social y la explosión demográfica. Para la década de 1980, México había perdido buena parte de sus estabilidad, y no podía sortear los cambios en la economía internacional. El llamado “Milagro Mexicano” producto de la economía de la Segunda Guerra Mundial se había diluido hacía mucho y nuestro país no alcanzó a consolidar plenamente la industria por la que abandonó el campo; miles de campesinos se volvieron obreros con dificultades para conseguir trabajo y nuestra economía se basó principalmente en una empresa: PEMEX.



Y entonces la tierra crujió...

8.1 grados en la escala de richter atacaron a la capital del país en su parte más débil; su base lacustre. Entre la destrucción el presidente Miguel de la Madrid no se dirigió a la nación en largos tres días como si no comprendiera o no quisiera ver, y así de inmediato la gente tomó el control.
En las calles el ejército no apareció en mucho tiempo y la policía se limitaba a “evitar los saqueos”, entre un real vacío de poder, los voluntarios eran civiles; vecinos ayudando, estudiantes, boy scouts, simples personas de a pie. Solidaridad era la definición correcta para una sociedad que se ocupó de los muertos, los heridos, los damnificados, en tiempos donde la comunicación no era tan inmediata como hoy en día, cuando nos basta publicar algo en twitter o en un blog para hacernos eco. En ese momento la mayoría de nosotros ni siquiera teníamos teléfono, ni luz. La participación fue tan espontánea como sincera y no conozco ningún caso de saqueos en la ciudad por esos días.
Septiembre de 1985 no sólo marca la inclusión en la mentalidad colectiva del concepto de protección civil, también de la organización social fuera del tradicional clientelismo que sostenía al PRI desde los lejanos tiempos de Plutarco Elías Calles.



Durante el Mundial de futbol en 1986 el slogan ” México sigue en pie” fue cierto, pero no gracias al gobierno, que aparentemente jamás entendió el cambio sucedido pues, la movilización social que inició con la demanda de viviendas para los miles que lo perdieron todo se convirtió en demandas políticas y por unos años algunos sectores de la sociedad mexicana se volvieron especialmente críticos, tanto, que no fue tarea fácil asegurar el triunfo del PRI en las elecciones de 1988, pues la gente estaba cansada de vivir sin esperanza y la buscaron organizándose. Por desgracia estas organizaciones se han desdibujado con los años...

Para ver:

Rockdrigo - La Balada del Asalariado
sobre la salud y la acción civil y oficial después del sismo
Rechifla al presidente en la inauguración del mundial México 86
Chico Che - ¿Dónde te agarró el temblor?

Referencias:

Cuando los ciudadanos tomaron la ciudad en sus manos, Jesús Ramírez Cuevas en La Jornada, 11 de septiembre de 2005
Wikipedia

Imágenes de: skyscrapercity Terremoto del 85
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viernes, septiembre 11

No una simple pinup, una chica Varga

Se trata de la historia de Estados Unidos consolidándose como país industrial y capitalista, se trata pues, de la historia de la publicidad y su necesidad de mostrar mujeres hermosas para atraer la mirada de los posibles compradores y cómo un artista peruano, Alberto Vargas, logró con gran talento y técnica, las mejores creaciones de un género muchas veces despreciado como “poco intelectual” Así que vayamos desde el principio.



El mercado de las imágenes tuvo un gran público durante el siglo XIX, las estampas y álbumes de litografías con tipos físicos, paisajes escenas históricas y figuras religiosas se vendían con mucho éxito, basta nombrar a Nathaniel Curier en Estados Unidos, y la casa Decaen en México, como grandes promotores del consumo de imágenes. La litografía, la cromolitografía y posteriormente el offset como métodos de impresión permitieron la producción en masa y entonces se consolidaron los grandes periódicos, las revistas y la publicidad de las crecientes marcas como Coca Cola que necesitaban promocionarse.



Mata Hari bailarina de burlesque que decoraba las revistas antes de ser acusada de espionaje en la Primera Guerra Mundial


Las publicaciones para caballeros eran un asunto común, pues eran ellos quienes con poder de decisión las compraban, (los movimientos por los derechos de las mujeres no lograron mayor éxito hasta bien entrado el siglo XX), revistas que no son pornografía, pues ese género se mueve de modo marginal sobre todo en esta época y es asunto de otro post muy próximo. Las revistas “picantes” masculinas circulaban regularmente. Entre sus páginas, algunas ilustraciones de mujeres muchas de ellas bailarinas de burlesque, que se volvieron más y más sugerentes durante los llamados locos años veinte. Esa década posterior a la Primera Guerra Mundial donde las personas se dedicaron a vivir entre excesos, pues vieron la muerte muy cerca. Es entonces que las mujeres dejan por completo el corset, que aunque hermosos es una tortura, suben el dobladillo de sus faldas y recortan su cabello en un estilo que rayaba en lo andrógino y las ideas de igualdad se popularizan mucho entre el sector social capaz de comprar revistas y periódicos, la clase media y alta.
La chica pin up aquella pensada para decorar una pared como parte principal de un calendario o promocional, esas mujeres muy femeninas consideradas como un pastel de queso: “she is better than a cheesecake” se convirtieron en íconos de la cultura popular durante la Segunda Guerra Mundial cuando los soldados compraron miles de reproducciones de una foto de la actriz Betty Grable para (inserte actividad aquí), en sus solitarias noches en el frente asiático o europeo, para no pensar en Hitler.



Betty Grable en una foto que se considera muy influyente en el siglo XX


Alberto Vargas era hijo del dueño de un estudio fotográfico muy prestigiado en Perú. Nació en 1896 y tuvo el privilegio de estudiar arte en Europa además de aprender la técnica del retoque con aerógrafo. Decidió quedarse en Estados Unidos cuando se enamoró de una bella pelirroja (Anna Mae), y se casó con ella, su padre dejó de apoyarlo económicamente y Alberto tuvo que vivir exclusivamente de su trabajo, lo que no resultó sencillo durante muchos años. Trabajó en Hollywood pintando fondos y escenarios para películas de estrellas de la época como Shirley Temple y Greta Garbo, además de hacer dibujos publicitarios y retratos de las chicas de Ziegfield Follies, un espectáculo burlesque en Broadway muy prestigioso donde aprendió a no cruzar la línea entre pornografía y sensualidad logrando obras de arte provocativas sin llegar a ser explícitas. La mayoría de estas obras, por desgracia se perdieron durante un incendio. Vargas cobraba apenas 30 dólares por dibujo en ese entonces.

En 1940 un anuncio en el periódico lo llevó a contratarse con la revista Esquire fundada en 1933 como un proyecto para caballeros con ilustraciones sensuales y contenido, el antecedente de Playboy. Entonces y como estrategia de ventas Vargas aceptó vender sus ilustraciones femeninas como Varga Girls cediendo los derechos a la revista.



La historia de Vargas como artista no es muy afortunada a pesar de su gran talento. Durante la Segunda Guerra Mundial sus chicas vendieron millones de cromos, sus imágenes originalmente en calendarios se reprodujeron en espectaculares y miles de formatos y hasta en los aviones que bombardeaban Japón y Alemania, Esquire ganó millones con semejantes ventas y Vargas confiado hacía acuerdos verbales y recibía un pago semanal de 75 dólares por sus ilustraciones a destajo. La situación no mejoró hasta 1944 cuando logró negociar un sueldo de mil dólares pero los derechos y su trabajo exclusivo por 10 años siguieron en poder de la poderosa revista.



A pesar de todo los mejores años de Varga en el aspecto artístico fueron aquellos con Esquire pues gracias al manejo magistral del aerógrafo sobre la acuarela podía lograr transparencias que dan la impresión de una chica desnuda que sin embargo está vestida gracias aun excelente estudio anatómico y un gran manejo de claroscuros, además de la perfecta elección de los temas que dieron origen a la imagen de la saludable chica estadounidense donde se inspiró Hollywood durante los años cuarenta hasta los setentas.
La revista tuvo que lidiar con las buenas conciencias de la oficina de Correos estadounidense que piso trabas para la distribución de la revista y entonces pusieron en venta los calendarios por separado e incrementaron las ventas.
Los editores justificaban el éxito de su producto en medio de la guerra diciendo:

“puede que eso sea precisamente lo que necesitamos ahora mismo. Un poco de concentración y tal vez podamos imaginarnos cada mes un maravilloso encuentro a solas con una bella desconocida... Lo que puede que sea el fin del mundo está marcado por un muslo bonito; el principio del caos, por la elevación de una preciosa cadera”*




En 1945 Esquire recaudó más de un millón de dólares por la venta de las Chicas Varga, el artista sólo 12 mil dólares y decidió irse. Su nombre y su trabajo eran propiedad de la revista y sus intentos de conseguir trabajo en California sólo lo dejaron en bancarrota. En 1953 Hugh Hefner también dejó Esquire para fundar Playboy, él publicó los dibujos de nuestro artista con el nombre de Chicas Vargas, la “s” volvió a su nombre y el paso fue más generoso; hasta 1500 dólares por dibujo al llegar la década de los sesentas, sin embargo su época de esplendor había pasado. Sus chicas ya eran parte de la cotidianeidad y con la liberación femenina que se logró al integrar a la mujer al trabajo durante los días de la guerra, sus imágenes encantaban, pero no causaban el impacto social de antaño.



Referencias:
*Tom Robotham, Varga, Madrid, Libsa 1993.
Exordio
Esquire magazine
Wikipedia
Life (imágenes en google)
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