martes, noviembre 24

La princesa del porfiriato

Corrían los años del porfiriato y la hija mayor del señor presidente vivía días de esplendor junto con la alta sociedad de este país, esa que se hacía cada vez más rica, mientras el pueblo se hacía más pobre y don Porfirio más viejo. Amada Díaz había nacido fuera del matrimonio en 1867, su madre, Rafaela Quiñones, la entregó a su padre en 1879 cuando este ya estaba en el poder. Delfina Ortega primera esposa de don Porfirio y después Carmelita Romero Rubio, la cuidaron y aceptaron como hija propia.Estuvo casada desde 1888 con Ignacio de la Torre y Mier, un empresario interesado en casi todo lo que le diera poder, más dinero e influencia a pesar que provenía de una de las familias más acaudaladas y mejor emparentadas del país.
Amadita Díaz y su esposo eran parte de una suerte de realeza que, organizaba suntuosos bailes y los diarios lo reseñaban con gran detalle:

Como había anunciado la prensa el año de 1898 se iniciaba con el suntuosísimo baile tantas veces pospuesto del magnate Ignacio de la torre y de su bella esposa Amada Díaz, en su casa de recreo, casa palaciega de Tacubaya, decorada para esa noche del sábado 1 de enero con lujo y buen gusto acordes a la opulencia y jerarquía social de los anfitriones.*



Casa de recreo en Tacubaya


¿Qué podría preocupar a la princesa del porfiriato? Tal vez nada pero como todas las familias de la realeza guarda oscuros secretos que seguramente se hicieron más pesados después de 1911 cuando la Revolución llevó al exilio a su padre. Con la premisa de los pesares de Amadita fue que Ricardo Orozco (historiador fundador del Centro de Estudios Históricos del Porfiriato), escribió una novelita a modo de álbum que da voz a nuestra princesa y en la que compartimos sus lágrimas y profunda soledad entre recuerdos y crónicas entre 1911 y 1918 con la muerte de su esposo.


Amadita Díaz

Una mujer profundamente creyente, bastante culta, temerosa del qué dirán y un tanto vanidosa, resiente el abandono de su esposo “quien no le cumplía” por sus correrías de alcohol y fiestas “extravagantes” entre ellas el famoso baile llamado entonces, de los 41 maricones, donde se descubrió a varios hombres de la alta sociedad vestidos de mujer en una “dudosa” celebración de la que se sabe Porfirio Díaz tuvo que salvar al participante número 42 nada menos que su yerno, Ignacio de la Torre.

Amada también recuerda a Emiliano Zapata, su caballerango en la casa de Reforma 1 llamada del Caballito como un hombre trabajador y conocedor de los caballos finos a los que ponía especial cuidado, pero no se explica de dónde surgió la amistad con su marido ni de cuándo se conocían, tampoco las razones por las que el caudillo mantuvo preso a Ignacio durante 4 años.



De Nacho como lo llama con más costumbre y resignación que amor, nos cuenta cómo mandó a su mayordomo a alquilar el carro donde llevaron a Madero y Pino Suárez a Lecumberri donde los asesinaron, cómo hizo tratos con Victoriano Huerta y el modo en que pierden todas sus propiedades, las haciendas y la casa del Caballito entre la vorágine caudillista, en un relato de la vida cotidiana durante los días de la Decena Trágica y las ocupaciones de los ejércitos constitucionalistas y Convencionistas donde no se encontraba comida en la ciudad y la moneda cambiaba según la facción al mando, pues el dinero en plata prácticamente había desaparecido, en buena parte a manos de los carrancistas.

Es muy interesante el transcurrir del año 1913 cuando viaja a Europa a visitar a su padre pues nos quedamos con una imagen más humana del General Díaz y sus últimos años entre hoteles, villas y balnearios europeos, su viaje a Egipto, del que Amada sólo recibe ocasionales cartas, cómo su sordera y padecimientos dentales se intensifican hasta que muere en 1915 obsesionado con México y en especial con Oaxaca, dejando a Amadita, la princesa, en una terrible soledad que con la prisión de su marido y los problemas económicos la llevan a una profunda depresión.



La novela como álbum es un acierto fácil de leer y a buen precio pues se consigue por 50 pesos, se extrañan algunas notas del autor sobre los años de Amada hasta su muerte y cómo sobrevivió al desastre económico y personal, una persona que lo tuvo todo pero no fue feliz en realidad, es la impresión que queda. Sin embargo me quedo ganas de leer más sobre la vida cotidiana en la ciudad de México durante la Revolución, así que me pondré a buscar.

El libro se llama El álbum de Amada Díaz, escrito por Ricardo Orozco y publicado por Planeta en 2003.


Referencias:

*Clementina Díaz de Ovando, Invitación al baile, arte, espectáculo y rito en la sociedad mexicana 1825-1910, t. II México, UNAM, 2006, pp. 634.

-Las imágenes pertenecen a la comunidad del foro sobre el México del ayer en http://www.skyscrapercity.com/

4 comentarios:

Sofia dijo...

Muy buen libro. Muy digerible y ligero.

Anónimo dijo...

Bonita reseña, muy interesante. Ya verificaste lo de si eran 40, 41 o 42 los de la fiesta? Me llama la atención, también, el dato de Zapata como caballerango. Certificado? Te dejo mi mail: eric_antonio_mardom@hotmail.com Yo también me dedico a la historia y trabajo en forma independiente. estudié en la UAM. Saludos y gracias por la reseña.

Lupe dijo...

Hola!
Que interesante reseña, me despertaste la curiosidad y ya adquirí el libro, espero leerlo iniciando el año, ya que tengo otras lecturas pendientes.
Felicidades por el blog.

Hugo peon dijo...

Buenos relatos, muchas gracias

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