viernes, septiembre 11

No una simple pinup, una chica Varga

Se trata de la historia de Estados Unidos consolidándose como país industrial y capitalista, se trata pues, de la historia de la publicidad y su necesidad de mostrar mujeres hermosas para atraer la mirada de los posibles compradores y cómo un artista peruano, Alberto Vargas, logró con gran talento y técnica, las mejores creaciones de un género muchas veces despreciado como “poco intelectual” Así que vayamos desde el principio.



El mercado de las imágenes tuvo un gran público durante el siglo XIX, las estampas y álbumes de litografías con tipos físicos, paisajes escenas históricas y figuras religiosas se vendían con mucho éxito, basta nombrar a Nathaniel Curier en Estados Unidos, y la casa Decaen en México, como grandes promotores del consumo de imágenes. La litografía, la cromolitografía y posteriormente el offset como métodos de impresión permitieron la producción en masa y entonces se consolidaron los grandes periódicos, las revistas y la publicidad de las crecientes marcas como Coca Cola que necesitaban promocionarse.



Mata Hari bailarina de burlesque que decoraba las revistas antes de ser acusada de espionaje en la Primera Guerra Mundial


Las publicaciones para caballeros eran un asunto común, pues eran ellos quienes con poder de decisión las compraban, (los movimientos por los derechos de las mujeres no lograron mayor éxito hasta bien entrado el siglo XX), revistas que no son pornografía, pues ese género se mueve de modo marginal sobre todo en esta época y es asunto de otro post muy próximo. Las revistas “picantes” masculinas circulaban regularmente. Entre sus páginas, algunas ilustraciones de mujeres muchas de ellas bailarinas de burlesque, que se volvieron más y más sugerentes durante los llamados locos años veinte. Esa década posterior a la Primera Guerra Mundial donde las personas se dedicaron a vivir entre excesos, pues vieron la muerte muy cerca. Es entonces que las mujeres dejan por completo el corset, que aunque hermosos es una tortura, suben el dobladillo de sus faldas y recortan su cabello en un estilo que rayaba en lo andrógino y las ideas de igualdad se popularizan mucho entre el sector social capaz de comprar revistas y periódicos, la clase media y alta.
La chica pin up aquella pensada para decorar una pared como parte principal de un calendario o promocional, esas mujeres muy femeninas consideradas como un pastel de queso: “she is better than a cheesecake” se convirtieron en íconos de la cultura popular durante la Segunda Guerra Mundial cuando los soldados compraron miles de reproducciones de una foto de la actriz Betty Grable para (inserte actividad aquí), en sus solitarias noches en el frente asiático o europeo, para no pensar en Hitler.



Betty Grable en una foto que se considera muy influyente en el siglo XX


Alberto Vargas era hijo del dueño de un estudio fotográfico muy prestigiado en Perú. Nació en 1896 y tuvo el privilegio de estudiar arte en Europa además de aprender la técnica del retoque con aerógrafo. Decidió quedarse en Estados Unidos cuando se enamoró de una bella pelirroja (Anna Mae), y se casó con ella, su padre dejó de apoyarlo económicamente y Alberto tuvo que vivir exclusivamente de su trabajo, lo que no resultó sencillo durante muchos años. Trabajó en Hollywood pintando fondos y escenarios para películas de estrellas de la época como Shirley Temple y Greta Garbo, además de hacer dibujos publicitarios y retratos de las chicas de Ziegfield Follies, un espectáculo burlesque en Broadway muy prestigioso donde aprendió a no cruzar la línea entre pornografía y sensualidad logrando obras de arte provocativas sin llegar a ser explícitas. La mayoría de estas obras, por desgracia se perdieron durante un incendio. Vargas cobraba apenas 30 dólares por dibujo en ese entonces.

En 1940 un anuncio en el periódico lo llevó a contratarse con la revista Esquire fundada en 1933 como un proyecto para caballeros con ilustraciones sensuales y contenido, el antecedente de Playboy. Entonces y como estrategia de ventas Vargas aceptó vender sus ilustraciones femeninas como Varga Girls cediendo los derechos a la revista.



La historia de Vargas como artista no es muy afortunada a pesar de su gran talento. Durante la Segunda Guerra Mundial sus chicas vendieron millones de cromos, sus imágenes originalmente en calendarios se reprodujeron en espectaculares y miles de formatos y hasta en los aviones que bombardeaban Japón y Alemania, Esquire ganó millones con semejantes ventas y Vargas confiado hacía acuerdos verbales y recibía un pago semanal de 75 dólares por sus ilustraciones a destajo. La situación no mejoró hasta 1944 cuando logró negociar un sueldo de mil dólares pero los derechos y su trabajo exclusivo por 10 años siguieron en poder de la poderosa revista.



A pesar de todo los mejores años de Varga en el aspecto artístico fueron aquellos con Esquire pues gracias al manejo magistral del aerógrafo sobre la acuarela podía lograr transparencias que dan la impresión de una chica desnuda que sin embargo está vestida gracias aun excelente estudio anatómico y un gran manejo de claroscuros, además de la perfecta elección de los temas que dieron origen a la imagen de la saludable chica estadounidense donde se inspiró Hollywood durante los años cuarenta hasta los setentas.
La revista tuvo que lidiar con las buenas conciencias de la oficina de Correos estadounidense que piso trabas para la distribución de la revista y entonces pusieron en venta los calendarios por separado e incrementaron las ventas.
Los editores justificaban el éxito de su producto en medio de la guerra diciendo:

“puede que eso sea precisamente lo que necesitamos ahora mismo. Un poco de concentración y tal vez podamos imaginarnos cada mes un maravilloso encuentro a solas con una bella desconocida... Lo que puede que sea el fin del mundo está marcado por un muslo bonito; el principio del caos, por la elevación de una preciosa cadera”*




En 1945 Esquire recaudó más de un millón de dólares por la venta de las Chicas Varga, el artista sólo 12 mil dólares y decidió irse. Su nombre y su trabajo eran propiedad de la revista y sus intentos de conseguir trabajo en California sólo lo dejaron en bancarrota. En 1953 Hugh Hefner también dejó Esquire para fundar Playboy, él publicó los dibujos de nuestro artista con el nombre de Chicas Vargas, la “s” volvió a su nombre y el paso fue más generoso; hasta 1500 dólares por dibujo al llegar la década de los sesentas, sin embargo su época de esplendor había pasado. Sus chicas ya eran parte de la cotidianeidad y con la liberación femenina que se logró al integrar a la mujer al trabajo durante los días de la guerra, sus imágenes encantaban, pero no causaban el impacto social de antaño.



Referencias:
*Tom Robotham, Varga, Madrid, Libsa 1993.
Exordio
Esquire magazine
Wikipedia
Life (imágenes en google)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

SOLO TRATO EN ENCONTRAR UN DIBUJO DE UNA LOCOMOTRA Y UNA PIN UP A SU LADO JUNTAS. ¿DONDE ESTÁN? PLEASE

treblinka dijo...

Anónimo, no se me ocurre una locomotora junto una pin up en forma porque coinciden con la guerra y los aviones son lo más común. Tal vez tengas que buscar el concepto de mujer fatal del simbolismo que es contemporáneo con el auge de construcción de ferrocarril. Yo recomendaría buscar la publicidad de finales del siglo XIX. Espero que sirva de algo.

Ulises dijo...

Excelente recopilación sobre este tema. No hubiese imaginado que un peruano fuese el creador de tantas pin-up.
Saludos.

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